
| Dentro de
cuarenta años, Marcos del Rosario recordará: —Al general Gómez no le gusté a primera vista. Me decía: «¿Qué va usted a buscar en Cuba? ¿Se le ha perdido algo allá?» Marcos aplaudirá sacudiéndose la tierra de las manos: —El general Gómez era un viejito tremendo, fuerte, fuerte, y muy ágil, y hablaba muy alto y a veces se subía y se lo quería tragar a uno... Atravesará el huerto buscando sombra: —Al fin hallamos un barco que nos puso cerca de la costa de Cuba. Mostrará las argollas de fierro de su hamaca: —Estas son del bote aquél. Echado en la red, encenderá un cigarro: —El barco nos dejó en la mar y había una marejada terrible... Dos dominicanos y cuatro cubanos en un bote. El temporal juega con ellos. Ellos han jurado que Cuba será libre. —Una noche oscura, no se veía nada... Asoma la luna roja, pelea con las nubes. El bote pelea con la mar hambrienta. —Estaba el viejito a proa. El tenía el timón y Martí la brújula del bote. Un golpe de agua le arrancó el timón al general... Luchábamos con la mar que nos quería tragar y no nos quería dejar llegar a tierra de Cuba... Por arte de magia, el bote no se hace pedazos contra los acantilados. El bote vuela y se hunde y resurge: vira de pronto, se abren las olas y una playita aparece, una minúscula herradura de arena: —Y el general Gómez, saltó a la playa y cuando vido la tierra firme, de viaje besó la tierra y cantó como un gallo.
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http://www.patriagrande.net/uruguay/eduardo.galeano/memoria.del.fuego/18950411.htm