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Hace un tiempo escribí que lo he visto casi todo. Desde luego que me
queda mucho por ver, porque no hay nada mas socorrido que un día detrás
del otro.
No voy
a relatar todo lo que Dios me ha permitido observar después de una lucha
que estoy orgulloso de llevarla a cabo. No importa lo que digan los
envidiosos y aquellos que sudan la fiebre del odio. Cuando comenzamos
la etapa de exiliado siempre me prometí que mientras existiera la
dictadura la combatiríamos con todas las armas que estuvieran a nuestro
alcance.
La
verdad de Cuba, de ese drama sangriento que nos ha tocado vivir, la he
mostrado donde quiera que he estado. En ese tiempo nadie escuchaba ni
existían las organizaciones de los derechos humanos. Nuestro pueblo no
tenia defensores. El camino ha sido largo y lleno de espinas. Un
verdadero calvario. Ahora esta amaneciendo y aunque los cómplices
quieren ocultar la realidad ya no quedan excusas. No hemos podido
liquidar la tiranía y sus compinches de la forma que aprendimos de los
libertadores del 68 y el 95, pero se ha dado un ejemplo que demuestra lo
que puede un pueblo que es digno de aquellas guerras que terminaron con
la opresión española.
También he visto como la gran prensa, enemiga de nuestra causa, ha
tenido que retroceder ante la justicia que hemos pedido para esa Cuba
que no se merece lo que ha pasado en este medio siglo. Todavía falta
por ver lo mejor de la película. El final.
Ese
final demandara muchas cosas para lavar en algo las injusticias
cometidas. La Historia se encargara de narrar el resto que coronara
esta epopeya. Sepan nuestros amigos y nuestros enemigos que todos los
cubanos hemos tenido que pagar un precio muy alto en esta lucha, y que
el sacrificio no nos da el derecho de ser mejores en cuanto a derechos
cívicos se refiere. La catástrofe que esta concluyendo no se puede
repetir en la patria de José Martí, que es la patria de todos los que
han nacido en esa Isla que tenia mucho de paradisíaca y que hoy tiene
mucho de infierno.
Yo he
visto como se perdió todo lo que se había logrado en 56 años. El odio y
la envidia pudieron más que las leyes el amor y el desinterés. Las
bajas pasiones se anidan en el corazón del ser humano. Muchas veces
prevalecen. La experiencia de estas últimas cinco décadas deben servir
al cubano para que no se repita jamás en un país como el nuestro. Un
episodio que ha llegado a desgarrar a hombres y mujeres que lo dieron
todo, hasta sus vidas. Y que hoy debemos tenerlos a todos como guías de
nuestra conciencia nacional.
Ojala
que Dios nos permita ver el resto de la historia. Para ser un mejor ser
humano. No viviremos ajenos a la doctrina de nuestro Señor para
combatir las injusticias vengan de donde vengan. Nuestros muertos se lo
merecen. Juremos ante sus tumbas, o donde quiera que se encuentren que
sus sacrificios no van a caer en el olvido. |