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Hace unos años, leí una novela de Jorge Bernanos
donde un personaje pregunta: “¿Crees en el infierno, Pernichon?”. La
respuesta no se hacia esperar: “No necesito ir a él, porque vivo en un
infierno”. Y es que el infierno esta en el corazón del hombre; esta en
las circunstancias en que vive. El cubano, ese que tiene que vivir los
365 días del año tratando de “resolver” los problemas mas esenciales de
la subsistencia, vive en un verdadero infierno.
La muestra de ello me la han enviado por correo
y se me adjunta una propaganda de la agencia de turismo castrista
“Habaguanex, S.A.” (El mundo futuro de la Habana Antigua), donde
orientan al turista sobre los lugares donde puede ingerir cualquier tipo
de comidas o bebidas, identificándose como extranjero (pagando en
dólares), y disfrutando de un ambiente que no esta al alcance del
ciudadano del país, que solo puede pasar por la acera de enfrente y
mirar con rabia como se discrimina y se mantiene una política que
solamente en regimenes totalitarios, como el de Cuba sufren sus
ciudadanos.
En La Habana Vieja existen
establecimientos “chapisteados”, algunos con nombres diferentes a los
que antes tenian, para satisfacer a los turistas que llevan sus dólares
a las arcas exiguas de la tiranía, que agoniza a pesar del maldito
“apartheid” sostenido por países, tales como España, México, Canadá,
Rusia y ahora por los petro-dolares de Chávez.
En el folleto a colores, y sobre un mapa de lo
que queda en pie de La Habana Vieja, aparecen fachadas
pintaditas de algunos de esos lugares, adornadas con platos apetitosos
de los que jamás puede tener en su mesa el ciudadano que habita en ese
infierno, peor que el de Dante. Por los colores y las fotografías, la
propaganda es una tentación a visitar a un país, que en realidad no
existe.
La guía muestra las direcciones de los lugares
donde el visitante puede pedir lo que desee: desde los mas delicados
mariscos hasta las comidas españolas, francesas, chinas o de cualquier
tipo de carne. Esa carne que desde hace años no aparece ni en la
“libreta” para alimentar a un niño o a un anciano.
El infierno se puede describir de formas
diferentes. La falta de libertades individuales dan un marco mas
siniestro al que vive en un país donde el ciudadano no tiene derecho a
los alimentos necesarios para que su familia no sufra hambre.
En otro libro que leí hace años, La Gran
Idea, se mostraba como un joven que tenia buenos sentimientos, y que
había asumido el poder en parte del mundo que ya el comunismo se había
tragado, comenzó a hacer cambios, debido a la pobreza que había
observado en su pueblo. Inventó el capitalismo democrático. Lo tuvo
que hacer una generación que no tenia maculas y crímenes sobre sus
espaldas, como los tiene Castro y sus cómplices. El joven de la novela
política, desconocía lo que había anteriormente a esa época. Pero tenia
buenos sentimientos y se compadecía del pueblo, de su miseria, de la
discriminación que el sistema le impone al que no pertenece a
la
nueva clase.
En Cuba se va a producir un cambio. Un
cambio que estremecerá hasta las raíces todo lo podrido, entonces el
pueblo cubano comenzara una etapa que barrera con ese infernal sistema
que ha destruido lo mejor de nuestra sociedad.
En el infierno, todo puede suceder.
Sucederá, aunque queden escépticos que piensen que allá nada va a
cambiar. Los cambios serán muy interesantes. Cuba se convertirá en un
verdadero laboratorio. El caso cubano no se parece a lo que ha pasado
en otras partes del mundo. Porque en nuestra patria jamás se pensó que
era necesario imponer un sistema que arrasara con todo lo que era aquel
paraíso.
Se hará justicia, porque no se puede olvidar a
los que han cometido los crímenes mas horrendos que puede imaginar un
ser humano. Después vendrá el desarrollo de un país que como el nuestro
ha demostrado el poder realizar cosas que solamente una raza como la
nuestra es capaz de crear. |